domingo, 13 de enero de 2013

Gracias

No eres consciente de la realidad hasta que alguien te la cuenta. Menos aún cuando la realidad es dura.
Ayer viví la fantasía, inconsciente. Era gente llorando, dándose besos y abrazos que no entendía.
Me fui como llegué.
Esta mañana me levanté, movida por una frase de auxilio, por un humo de un fuego apagado en la lejanía.
Cuando llegué, todo era extraño. Había muchas personas, unas las conocía, otras no. Todos tenían los ojos rojos y húmedos, y se saludaban por sus nombres.
Varias veces me preguntaron por ella, al fin y al cabo era importante.
Después todo el mundo se calló. Hubo el silencio suficiente como para oír como las gotas deslizaban por las mejillas.
Los recuerdos creados a través de la narración, los recuerdos propios y los sentimientos comunes fueron deshaciendo el dolor que se podía respirar, o al menos volviendo a recogerlo en cada uno de nuestros corazones envuelto en amor.
Volvió a reinar el silencio, volvieron a caer las lágrimas y a abundar los abrazos.
Me alegró ver su cara, marcada por el dolor pero serena, agradecida, en paz.
Gracias a ti por enseñarme esto.

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