Son días de celebración, de buscar motivos para estar satisfecho con tu vida. Reuniones de gente que te importa, de sentimientos positivos...
Los busco, pero esta vez no los encuentro.
Me siento vacía e inquieta.
Tengo ganas de llorar.
Despedidas difíciles pero necesarias. Nadie me puede acompañar en este camino. El viaje ahora es largo, tortuoso, sin charla ni una mano que me guíe en la oscuridad.
Solo espero que no tú no te sientas así.
Como siempre hago una mezcla de todo. Escribo sin saber que va a salir. Sale todo desordenado.
Estaría bien que un día me ordenase. Hoy no.
Te echo mucho de menos, lo siento.
Me gustaba compartir contigo, imagino un futuro en el que podamos compartir sin herirnos, es tan improbable, quiero creer que no imposible.
Tengo una pena muy grande. No me deja respirar bien.
No sé qué escribo. No sé si alguien me lee. No sé si quiero que alguien lo haga.
No es fácil. El "no" no es fácil. El "hacer que no" no es fácil.
Odio no poder hacer nada. La impotencia. La apatía. El desánimo. Todo junto me ahoga.
Sé que no y aún así me apetece. Me tapo la cara, no sé si de vergüenza o para no ver; para no ver que no.
No es confusión. Es certeza, duele más.
Y sigo hablando de mí. Como siempre.
Siento que haya salido así.
Todo es tan complicado, somos tan complicados.
Odio el amor por ser amorfo y ambiguo.
A mí también me gustaría estar ahí para guiarte en tu oscuro camino, aunque no te preocupes seguro que siempre estarás acompañado de alguien, que no me cabe duda, te guiará mejor, sin ponerte la zancadilla. Además, si te fijas, te darás cuenta de que hay luces, muchas luces, por el camino que aunque sean tenues, te permitirán continuar. Cuando tus ojos se hagan a su intensidad lo verás todo con claridad y al mirar hacia atrás verás que el camino del que venías no era tan interesante como creías.
No hay comentarios:
Publicar un comentario